El martes lo vimos. El Real Madrid volvió a demostrar sus carencias en la fase de creación, concretamente en la transición defensa-ataque con un buen bloque enfrente, armado e ideado por uno de los mejores estrategas del continente. Pero no es casualidad ni mucho menos cosa de un partido. Se especuló con la incapacidad del Madrid antes del encuentro y se pudo ver el resultado del producto final. ¿Cuál es la razón? Son varias las causas.
Ante el Dortmund, Mourinho eligió la vía técnica. Sentó a Essien y alineó a Modric en la base junto a Xabi. Era una decisión avalada por el público. El croata suplía a Khedira, lesionado en la ida. Si el alemán se hubiese encontrado en un estado óptimo de forma, probablemente Mourinho lo hubiese alineado. Conocedores del gusto del técnico luso por Khedira, se dudó de la posibilidad de que Modric fuese su sustituto, y no Essien. Pero el ex del Tottenham ocupó la otra plaza de la sala de máquinas. Su función era aparentemente clara: dar salida a la deficiente defensa del Madrid ante el marcaje al hombre de Xabi, que ya se había visto en el Signal Iduna Park.
Lejos de conseguir el objetivo, Modric realizó una primera mitad inocua. No participó en fases de transición que no fuesen los contados contraataques que regaló el equipo de Klopp, que raudo y velozmente se replegaba imposibilitando pasar a la acción. Xabi Alonso, como acostumbra cuando la presión rival es organizada y se coloca superado el medio campo, bajaba a la altura de los centrales para empezar a organizar, pero la visión era desoladora: Arbeloa y Ramos en los costados, conscientes de que por allí la salida iba a ser complicada, y Modric en la segunda línea sin llegar a crear los espacios necesarios, casi sin movimiento. Ahí se comenzó a echar de menos a Khedira, un futbolista infravalorado pero cuya baja quizá se sobrevaloró. Es importante, sí, pero con matices.
La ausencia de Sami en el medio en Dortmund provocó un déficit enorme en la recuperación de balón, consiguiendo un despliegue técnico rival enorme. Pero en el Bernabéu, aparte de surgir esa necesidad, también apareció la añoranza de sus movimientos sin balón, importantes en la salida desde la defensa. El croata, lejos de imitar a su homólogo, mostró la cara más amarga de su figura más técnica. Fue sustituido en el descanso por Essien y el Madrid mejoró, para asombro del aficionado de a pie madridista que se pasó el verano entero pidiendo a gritos un mediocentro creativo que acompañase a Xabi. Ojo, que a veces necesita una muleta.
Aparentemente parece incomprensible que para mejorar la salida de balón necesites quitar a un jugador que destaca por cualidades técnicas y meter a uno que aporte físico y músculo. Pero es que esos factores, al menos teniendo a Xabi, no son los trascendentes. O al menos en el contexto del martes. La inteligencia táctica era fundamental ante el Borussia Dortmund. Y ahí se echó de menos a Khedira. Qué lejos quedan aquellos cantos de sirena donde la opinión popular pedía a gritos una pareja de mediocentros creativos y rechazaba al alemán. Por ahora, en citas relevantes, no hay suficiente equilibrio. Khedira sigue siendo importante, si alguna vez no lo fue. Como dijo una vez Martí Perarnau, a los hombres grises solo les llega el reconocimiento en su ausencia.
Como hiciera Essien ante el Manchester City, tuvo un papel importante en la organización a nivel ofensivo. Salió y salvó la papeleta de encontrarse en una situación crítica. Ante el Zaragoza había recibido pitos y el encuentro frente al Dortmund podía ser su sentencia. Fue de lo mejor con la elástica blanca en el segundo acto. Movimientos con y sin balón, físico superior al resto en defensa… Sorprendió, pero ya era tarde.
Pero la situación producida no es cosa de una sola noche ni de un solo equipo. Podríamos establecer el punto clave a partir de la lesión de Marcelo. Su baja (y la de Coentrao, que en menor medida que el brasileño también era una posible vía de escape) fue determinante, porque a partir de aquel momento se iba a obviar el poder salir por el costado izquierdo y reflejaría debilidad en el triángulo izquierdo del Madrid, donde se juntaban Marcelo, Ramos y Xabi Alonso para proceder a llevar el balón a zonas de ataque. Ahora el Arbeloa-Pepe-Xabi no ofrece garantías. En caso de una presión voraz por parte del equipo rival que imposibilitase dicha salida, los recursos en el primer ejemplo eran dispares: balón en largo de Xabi, ducho en el golpeo (o Pepe); iniciación por parte de Khedira que contactaría a su vez con Özil y desatascaría un problema incipiente; o simplemente recurrir a la calidad técnica de Marcelo.
Es el principal problema. Sin él –o en su defecto Coentrao– la incapacidad de salir por un costado del Madrid alcanza su máximo exponente. Pocos auguraban un futuro tan gris al conocer su lesión; tan solo la mayoría abogó por reconocer la pérdida ofensiva que tendría como consecuencia su baja.
* Carlos Jiménez Barragán es periodista.
– Fotos: RTVE – Félix Ordoñez (Reuters) – AP
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