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Florian Thauvin es una de las estrellas de seleccionado nacional de Francia sub-20 que acaba de coronarse campeón del mundo en Turquía. Thauvin, que ya se encuentra en la mira de equipos que pretenden reforzarse para jugar la Liga de Campeones, quiere ser retenido por el club propietario de su pase, el Lille, institución que espera poder mantenerle en su plantilla, ofrecerle un nuevo contrato por al menos una temporada y probablemente luego venderlo por una gran suma de dinero. Después de ser el protagonista máximo del triunfo francés en las seminales del mundial ante Ghana, Thauvin parece casi listo para consolidar su reputación como uno de los talentos más brillantes del futuro de Francia. Un repaso de sus condiciones técnicas y la manera en que este joven talento entiende el juego ayudan a entender estos análisis.
Florian Thauvin es ágil, no tan alto, tiene un centro de gravedad relativamente bajo, y rápido con los pies, y el resultado es que los defensas contrarios tienden a hacerle faltas a menudo. Aunque eso ensucia el juego de ataque de sus equipos, al menos gana numerosos servicios de falta para sus compañeros. Adicionalmente suele sufrir golpes de manera innecesaria, pero los resiste adecuadamente. Esto también tiene un aspecto negativo ya que, contra defensas cerradas o que presionan, Thauvin suele retener el balón en demasía, jugándose opciones individuales en vez de pasar a otros mejor ubicados. Para contrarrestarlo, generalmente se retrasa en el terreno para ir a buscar el balón, una estrategia que en Francia le ha servido pero que en otras ligas y competiciones tal vez no le sea tan productiva.
Es una realidad que los equipos más exitosos en el mundo hoy por hoy demandan que cada jugador trabaje sin balón y, al menos, sea un obstáculo para los jugadores contrarios. En este sentido, Thauvin hace un trabajo efectivo. No se le nota muy dispuesto a trabar y quitar poniendo el pie con fuerza ante el adversario de turno, pero entiende y tiene capacidad suficiente para cerrar los espacios a los atacantes del equipo rival y tratar de iniciar contraataques tras recuperar la posesión del balón. Es un jugador veloz y, por lo tanto, una vez que su equipo pierde la posesión él hace todo lo posible para moverse en el terreno de juego al espacio indicado para interceptar, controlar y crear.
El fútbol y la efectividad de Thauvin se basan en su movimiento con el balón; no es ninguna sorpresa que es rápido con la cabeza y los pies y pone en aprietos a las defensas rivales con su excelente habilidad individual. Pero muy rara vez los buenos centrocampistas ofensivos suelen ser creadores o facilitadores de juego promedio y esto debe sonar a campanada de alerta para el joven centrocampista francés. A los 20 años, la posición natural de Thauvin le va a exigir utilizar un juego de pases cortos y precisos, algo que ya intenta mucho pero cuyo porcentaje de éxito puede ser mayor de lo que es hoy por hoy. De hecho, su cantidad de asistencias jugando con el Bastia francés la temporada pasada fue apenas una, y para alguien que juega tan arriba en el terreno de juego, cerca de sus atacantes, no es una estadística alentadora. Si pudiese perfeccionar y afinar su precisión en el pase, podría estar a la altura de otros jóvenes talentos europeos.
Florian Thauvin muestra elementos interesantes que han pasado un tanto inadvertidos tras el rendimiento de Francia ante Uruguay, en el que el músculo de Les Bleus terminó por imponerse ante el empeño de los sudamericanos, en un partido en que el joven francés no pudo lucir de acuerdo a su capacidad.
* Raúl Vergara.
– Foto: AFP
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